Más de 2,5 millones de personas en España se ven obligadas cada año a pasar al menos una noche fuera de casa por motivos médicos. No son turistas. No eligen el destino ni el momento. Viajan porque no tienen otra opción, muchas veces con un hijo enfermo, con lo puesto, hacia una ciudad que no conocen y donde el hospital es el único punto de referencia. Y cuando llegan, el problema del alojamiento se suma a todo lo demás.
Es en ese espacio, incómodo e invisible para la industria viajera convencional, donde Airbnb.org ha decidido intervenir. La organización sin ánimo de lucro fundada por Airbnb ha lanzado oficialmente en España su programa Medical Stays, o Estancias Médicas, con el objetivo de proporcionar alojamiento temporal gratuito a pacientes y familias que necesitan desplazarse para recibir atención médica. El anuncio se produjo el 28 de abril de 2025 desde Madrid.
El programa arranca con la colaboración de seis entidades españolas sin ánimo de lucro: ASION, Fundación Xana, Fundación Aladina, Fundación Infantil Ronald McDonald, Fundación Menudos Corazones y Mensajeros de la Paz. Cada una de estas organizaciones actuará como puente entre las familias que atienden y los alojamientos disponibles en la plataforma de Airbnb, gestionando las estancias gratuitas para quienes necesiten estar cerca de los hospitales donde sus hijos o familiares reciben tratamiento.
Un problema que los datos hacen difícil ignorar
Las cifras que acompañan al lanzamiento revelan una realidad que raramente aparece en los informes de turismo. Según datos de la Encuesta de Turismo Residente del INE, las pernoctaciones por motivos de salud en España han superado los 8 millones anuales durante la última década, alcanzando un máximo histórico en 2024 con más de 10 millones de pernoctaciones. No se trata de un fenómeno marginal.
La geografía de estos desplazamientos tampoco es aleatoria. Andalucía, Cataluña y Madrid concentran 7 de cada 10 viajes relacionados con la salud en el país. El 72% de esos trayectos supera los 200 kilómetros, una distancia que hace imposible el regreso diario al hogar. El resultado es que más de dos millones y medio de personas al año se quedan a dormir fuera, en ciudades donde no tienen red de apoyo ni conocen los recursos disponibles.
Lo que diferencia estos viajes de cualquier otro es su naturaleza reactiva. No se planifican con meses de antelación ni se buscan ofertas. Llegan de golpe, cuando un diagnóstico lo cambia todo. Y esa urgencia tiene un coste económico desproporcionado: según un estudio encargado por Airbnb y realizado por Panterra entre huéspedes de la plataforma en países de la Unión Europea durante 2025, el 38% del gasto total de una estancia médica se destina al alojamiento, diez puntos porcentuales más que en los viajes de ocio. La familia ya carga con la enfermedad; encima, tiene que financiar una habitación de hotel a precio de última hora.
El mismo estudio arroja otro dato que explica bien la brecha que este programa intenta cubrir: el 42% de los encuestados en España afirma haber tenido dificultades para encontrar alojamiento cuando debía recibir tratamiento médico fuera de su domicilio. Y un 20% ha necesitado en algún momento un alojamiento de calidad en las proximidades de un hospital o centro especializado.
La lógica de un hogar lejos de casa
La apuesta de Airbnb.org no pasa por construir infraestructuras propias ni por abrir nuevas instalaciones. Su modelo es más sutil: movilizar la red de anfitriones ya existente para que familias en situaciones de extrema vulnerabilidad puedan acceder a alojamientos que ofrezcan algo que un hotel convencional muchas veces no puede dar: espacio, cocina, privacidad, la sensación —aunque sea provisional— de estar en un hogar.
Cuando las Casas Ronald McDonald están llenas, cuando una familia llega a Madrid sin recursos y sin contactos, cuando los padres de un niño con cardiopatía congénita tienen que quedarse una semana cerca del hospital Gregorio Marañón sin saber dónde dormir, ahí es donde el programa busca activarse. Las organizaciones colaboradoras identifican la necesidad, gestionan la solicitud y Airbnb.org facilita la estancia a través de su red de anfitriones voluntarios.
Christoph Gorder, director ejecutivo de Airbnb.org, lo formuló con claridad en el momento del lanzamiento: «Queremos asegurarnos de que las familias en España no tengan que elegir entre estar cerca de sus seres queridos durante el tratamiento médico y poder costearse un alojamiento. Nuestra colaboración con estas entidades ayudará a las familias a acceder a un alojamiento cómodo y acogedor cerca de los hospitales, aliviando la carga económica y emocional que afrontan durante algunos de los momentos más difíciles de sus vidas».
Las organizaciones que dan forma al programa
ASION, que lleva desde 1989 apoyando a familias con hijos con cáncer en la Comunidad de Madrid, es una de las entidades con más recorrido en este tipo de trabajo. Su presidente, Francisco Javier Hortal García, pone el número en perspectiva: «Desde 1989, hemos ofrecido casi 100.000 estancias gratuitas en Madrid, pero la necesidad sigue creciendo». La organización atiende a más de 1.200 familias cada año, y esta colaboración le permite ampliar su capacidad de respuesta en alojamiento para las que llegan desde otras comunidades autónomas.
La Fundación Aladina, especializada en el apoyo integral a niños con cáncer y sus familias, ve en el acuerdo una forma de responder a situaciones que de otro modo quedarían sin cobertura. Lorena Díez Ortega, directora del hospital de la fundación, subraya el carácter crítico del momento en que se activa esta ayuda: «Gracias a la generosidad de Airbnb.org y sus anfitriones, la Fundación Aladina puede ofrecer alojamiento puntual a familias sin recursos en momentos especialmente críticos, como cuando llegan para recibir tratamiento. Esta colaboración nos permite ampliar nuestro alcance y responder a una necesidad urgente que, de otro modo, sería muy difícil de cubrir».
Desde la Fundación Menudos Corazones, que trabaja con familias de niños con cardiopatías congénitas, su directora Amaya Sáez apunta a la dimensión emocional del problema: «En un momento especialmente delicado, como la hospitalización de un hijo o hija con una cardiopatía congénita, la energía de la familia debe centrarse en acompañar y cuidar. Contar con alojamiento cercano, gratuito y digno es fundamental para aliviar la carga emocional y permitirles concentrarse en lo que realmente importa».
La Fundación Infantil Ronald McDonald aporta al programa algo que ninguna otra organización puede ofrecer exactamente igual: la experiencia de gestionar Casas Ronald McDonald, espacios específicamente diseñados para alojar a familias con niños hospitalizados. Pero esas casas tienen capacidad limitada. Cinzia Rizzati, jefa de operaciones de la fundación, lo explica con franqueza: «Esta colaboración nos ayuda a seguir ofreciendo alojamiento gratuito incluso cuando nuestras Casas Ronald McDonald están llenas. Es importante porque nos permite extender nuestra hospitalidad más allá de las paredes de nuestras Casas».
Mensajeros de la Paz cierra el grupo de colaboradores con una perspectiva más amplia sobre vulnerabilidad social. Guillermo Crespo Herrador, director del Área Social de la asociación, señala que el programa encaja directamente con la misión de la entidad: «Gracias a la colaboración con Airbnb.org, podemos ofrecer alojamiento digno a familias que necesitan viajar a Madrid para que sus hijos reciban tratamiento médico. La capacidad de respuesta y la cercanía de Airbnb.org tienen un impacto real en la vida de estas familias, ayudándonos a estar donde más se nos necesita».
Una organización que ya tiene historial en España
Airbnb.org fue fundada en 2020 con un modelo que resulta poco habitual en el sector tecnológico: Airbnb cubre todos los costes operativos de la organización, de forma que el cien por cien de las donaciones públicas se destina íntegramente a proporcionar alojamiento de emergencia. No hay porcentaje que se quede en gestión administrativa.
Desde su creación, la organización ha proporcionado más de 1,6 millones de noches de alojamiento temporal gratuito a casi 250.000 personas en todo el mundo. Solo en 2025 respondió a 78 desastres en 16 países, la cifra más alta en la historia de la entidad. En España, su actuación más conocida fue durante las inundaciones de la DANA de Valencia y Castellón en 2024, cuando facilitó alojamiento temporal para personas desplazadas y personal de emergencia.
El salto hacia las estancias médicas supone un cambio de registro. Ya no se trata de responder a una catástrofe puntual y visible, sino de atender una emergencia silenciosa, estructural, que se repite millones de veces al año sin que nadie la llame por ese nombre. Familias que viajan a Madrid, Barcelona o Sevilla con un diagnóstico reciente, sin saber muy bien cuántos días van a estar, sin red de apoyo en la ciudad, con los gastos disparados y la cabeza en otra parte.
La pregunta que el programa plantea, sin formulársela explícitamente, es qué ocurre cuando el sistema sanitario cubre el tratamiento pero no el entorno que lo hace sostenible. Dormir en el coche cerca del hospital, ocupar una habitación de hotel diminuta durante semanas, pedir favor a conocidos de conocidos: esas son las soluciones que muchas familias han tenido que improvisar hasta ahora. Medical Stays no pretende resolver el problema completo, pero sí meterle mano a una de sus capas más concretas e inmediatas.
Los alquileres de corta duración, señala la propia Airbnb.org, tienen características que los hacen especialmente adecuados para este tipo de necesidad: ofrecen espacio para toda la familia, cocina para preparar comidas, privacidad para momentos que requieren intimidad, y la posibilidad de quedarse varios días o semanas sin que el coste se dispare de la misma forma que en un hotel. La lógica del hogar temporal, que es en el fondo la propuesta original de Airbnb, cobra aquí una dimensión que va bastante más allá del viaje de placer.
