Mundanos: el evento donde los viajeros de verdad cuentan lo que nadie ve

Lo+fresco

Muévelo +

Adrián Lafuente acaba de volver a casa después de 1.000 días dando la vuelta al mundo sin subirse a ningún avión. Casi tres años. El 9 de mayo estará en Madrid contando cómo fue eso. No en un congreso de exploradores ni en un festival de geografía: en una sala donde cinco personas se sentarán a hablar de lo que de verdad pasa cuando decides dejarlo todo y no volver hasta que el mundo te lo permita.

Esa es la premisa de Mundanos: historias sobre viajes extraordinarios, un evento que se celebra por primera vez en El Almacén de Viajes, en Madrid, y que no tiene mucho que ver con la imagen habitual de este tipo de encuentros. Aquí no hay marcas de equipaje patrocinando ponencias ni gurús del nomadismo digital vendiendo cursos. Lo que hay es gente que un día tomó una decisión bastante poco razonable, y que ahora puede hablar de ella con la distancia suficiente para entender qué significó.

Cuatro viajes que no se parecen entre sí

La jornada articula cuatro charlas, cada una protagonizada por un viaje distinto en forma, duración y geografía. Lo que las une no es la ruta ni el medio de transporte, sino algo más difícil de categorizar: la decisión de ir a fondo, de no hacer un viaje de tres semanas sino de reorganizar la vida entera alrededor del movimiento.

Adrián Lafuente es el más reciente en regresar. Su vuelta al mundo sin aviones duró exactamente 1.000 días, lo que en términos cotidianos equivale a aproximadamente dos años y ocho meses de desplazamiento constante, sin la posibilidad de acortar distancias por aire. Eso implica una relación completamente distinta con el espacio: los países no son escalas, son territorios que hay que atravesar de verdad, con todo lo que eso conlleva en tiempo, logística y encuentros imprevistos.

Otra historia es la de Helena Selini, que pedaleó desde España hasta Pakistán. Veinte meses en bicicleta, acompañada de su pareja, recorriendo un trayecto que iba orientado hacia Nepal pero que terminó, por razones que ella misma explicará, en Pakistán. Hay algo en esa frase, finalizado en Pakistán, que dice mucho sobre cómo funcionan los viajes largos: rara vez terminan donde uno había planeado.

El tercer relato tiene otro ritmo y otro medio. Un viaje en moto atravesando África y Sudamérica, dos continentes con geografías tan dispares que resulta difícil imaginarlos como parte de un mismo periplo. Y luego están Luisa García y José Carlos Martínez, la única pareja del evento que comparte escenario, que pasaron más de un año cruzando África en un 4×4. Un viaje que, por su duración y por el territorio que cubre, implica un nivel de improvisación y de gestión de lo inesperado que pocos itinerarios exigen.

El foco en lo que no suele contarse

La nota que presenta el evento insiste en un matiz que merece atención: los ponentes no son exploradores profesionales. No viven de patrocinios ni han construido una carrera sobre su figura de viajero. Son, según la descripción del propio evento, personas normales que un día decidieron hacer algo nada normal.

Esa distinción importa porque cambia el tipo de historia que se cuenta. Cuando alguien vive de su imagen de viajero, el relato tiende a suavizarse, a construirse con cierta coherencia retrospectiva que lo vuelve más vendible. Los errores se mencionan con humor, los miedos se resuelven siempre de forma épica, y el conjunto transmite que todo estuvo, en el fondo, bajo control. En Mundanos, la propuesta es otra: que cada ponente hable de miedos, errores, momentos épicos y decisiones que cambiaron su vida, sin el barniz que da la profesionalización.

Si eso se cumple o no es algo que solo sabremos el 9 de mayo. Pero la arquitectura del evento apunta en esa dirección: charlas en formato íntimo, dentro de un espacio que ya de por sí tiene una escala humana, y una selección de protagonistas cuya credencial no es haber publicado un libro o tener medio millón de seguidores, sino haber estado ahí.

El Almacén de Viajes como escenario

El Almacén de Viajes es el espacio madrileño que organiza y acoge el evento. Su propio nombre sugiere una filosofía que va más allá de la agencia de viajes tradicional: un lugar donde el viaje se piensa, se comparte y se construye antes de que empiece. Que sea el escenario de Mundanos tiene cierta lógica interna: no es un auditorio genérico ni una sala de eventos corporativa, sino un espacio pensado para personas con una relación activa con los viajes.

La primera edición de Mundanos se celebra el sábado 9 de mayo de 2026, con una jornada de cuatro charlas. Es la primera vez que el evento existe, lo que significa que todavía no hay tradición que lo respalde ni expectativas formadas. Eso puede ser una ventaja: hay más margen para que algo inesperado ocurra en la sala.

Por qué este tipo de evento tiene sentido ahora

Hay una saturación visible en el ecosistema del viaje contado. Los algoritmos han favorecido durante años un formato específico de historia viajera: fotografías con luz perfecta, rutas optimizadas, consejos prácticos empaquetados en listas. El viaje como producto de consumo rápido. Frente a eso, los formatos en vivo donde alguien habla durante una hora de lo que realmente vivió tienen una textura completamente distinta.

No porque lo presencial sea inherentemente más verdadero, sino porque el formato obliga a otra velocidad. Una charla no puede editarse después. Los silencios, los titubeos, las correcciones sobre la marcha forman parte del relato. Y en ese espacio es donde suelen aparecer las cosas que no estaban en el guion.

El lema elegido para el evento lo resume con cierta elegancia: los viajes extraordinarios no empiezan en el aeropuerto, empiezan en la cabeza. Es una frase que apunta directamente al momento de la decisión, que es probablemente el más difícil y el menos documentado de cualquier viaje largo. Antes de la primera frontera, antes del primer contratiempo, está ese instante en que alguien decide que sí, que lo va a hacer. Eso es lo que Mundanos promete explorar.

Si hay algo que une los cuatro viajes del programa, más allá de los kilómetros o los medios de transporte, es eso: que en algún momento hubo una decisión que no era razonable en términos convencionales, y que alguien la tomó de todas formas. Adrián sin aviones durante 1.000 días. Helena con su bicicleta camino de Nepal, llegando a Pakistán. Una moto cruzando dos continentes. Un 4×4 atravesando África durante más de un año. Cada uno de esos viajes empezó exactamente igual: con alguien diciendo que sí cuando lo sensato era decir que no.

El 9 de mayo de 2026, esas personas estarán en una sala en Madrid contando cómo fue. Lo que ocurra después de eso ya es otra historia.

spot_img